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La mayor amenaza a los mamíferos marinos
en el pasado, aquel que casi extinguió a varias especies
de ballenas, nunca ha desaparecido. Por el contrario, Japón
junto a Noruega nunca detuvieron la caza e intentan en cada
foro internacional, impedir la creación de medidas
de conservación como también levantar las que
actualmente rigen en el derecho internacional.
Con la aparición de productos alternativos
y no ser ya una necesidad, la caza comercial fue mundialmente
abolida en 1982. Sin embargo, Japón y Noruega han seguido
cazándolas más allá de sus propias aguas,
incluyendo la antártica donde todos los años
viola el acuerdo internacional de protección total
del área, denominada "Santuario Ballenero Austral".
Han convertido su carne en un plato exótico por el
cual algunos pagan mucho dinero. No como resultado de una
necesidad de aceite como durante la revolución industrial,
ni por una necesidad de proteínas como lo fue durante
el período siguiente a la segunda guerra mundial, sino
para convertir a uno de los símbolos universales de
la responsaabilidad ambiental y uno de los animales más
desconocidos e interesantes, en una excentricidad.
Su interés por reabrir la caza comercial de ballenas
a gran escala, ha sido suficiente para oponerse a la indignación
mundial y su propia conciencia al comprar votos de países
con gobiernos corruptos, e invertir cuantiosos recursos en
investigaciones científicas con evidentes errores metodológicos
para proveerse de "argumentos científicos".
Sólo una indignación de la población
mundial general, que se traduzca en evitar comprar sus productos,
será suficiente para terminar con esta conducta que
amenaza no sólo a las ballenas, sino a los peces, árboles,
invertebrados, e infinidad de especies de fauna y flora de
todo el mundo que está siendo exterminada para satisfacer
la excentricidad de un solo país.
Para informarse en detalle de esta amenaza,
visite nuestra página Caza de Ballenas.
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